Recursos medioambientales

Blog de Santiago Domínguez Martín

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viernes, 15 de febrero de 2013

La Precipitación de final del invierno en la Península Ibérica

Los valores de pluviometría en el mes de marzo pueden tener gran importancia en diversos aspectos relacionados con el medio ambiente como caudales fluviales, niveles freáticos, humedad edáfica, desarrollo de la vegetación, niveles de polen, niveles de contaminación atmosférica e incluso en el riesgo de incendios.
Los modelos de predicción estacional de la precipitación de la Agencia estadounidense NOAA nos indican que la precipitación al final de este invierno en la Península Ibérica tenderá a ser por encima de lo normal.

Fuente: NOAA.más información


Eso significa que las borrascas llegarán con mayor probabilidad al sur de Europa. La facilidad para la entrada de las borrascas atlánticas causantes de las precipitaciones en el sur de Europa tiene una enorme relación con las presiones atmosféricas dominantes. En el estudio de las presiones sobre el área del Atlántico Norte juega un papel fundamental el análisis de la denominada NAO.
La Oscilación del Atlántico Norte (NAO en sus siglas en inglés) consiste en una oscilación atmosférica existente entre el anticiclón subtropical de las Azores y la región de bajas presiones cerca de Islandia. Objetivamente ha sido definida mediante un índice que mide la diferencia de presión en superficie entre Gibraltar y la estación de Stykkisholmur (Islandia).
Este índice plasma la variabilidad de la circulación atmosférica sobre todo el continente europeo y por lo tanto puede ser utilizada también para el estudio de variabilidad atmosférica sobre la Península Ibérica, especialmente en invierno, cuando es más pronunciada.
El estudio de la NAO es de gran importancia, ya que posee mucha influencia sobre los vientos asociados que ejercen un papel determinante en la llegada o no de masas de aire al occidente de Europa, y por lo tanto a sus regímenes de precipitación. Muchos investigadores han identificado la NAO como el fenómeno a gran escala más importante que controla la precipitación invernal sobre el oeste de la Península Ibérica.
Se suele observar, en concordancia con la definición del índice, que los años con índice NAO negativo se corresponden con años especialmente lluviosos sobre la Península Ibérica y relativamente secos en latitudes mayores, mientras que para los años con índice NAO positivo se observa el fenómeno opuesto.
Una NAO positiva quiere decir que la presión en superficie en Islandia es menor que en Gibraltar, se favorecen entradas de masas del oeste en el norte de Europa, y en el sur, donde se encuentra la Península Ibérica, existe una predominancia de vientos del este debido al dominio de las altas presiones. Si la NAO es negativa sucede al revés, en el norte de Europa poseen flujo del este predominantemente y en el sur de Europa dominan las masas procedentes del oeste asociadas a mayores precipitaciones.
Parece ser que en la situación actual del final del invierno predomina la NAO negativa de ahí que los modelos nos indiquen una mayor probabilidad de lluvias en el sur de la fachada atlántica.



domingo, 3 de febrero de 2013

Cormorán grande

Los cormoranes grandes son aves buceadoras que se alimentan de peces tanto en el entorno marino como en las masas de agua del interior. Los cormoranes, sobre todo en invierno, siempre han penetrado en el interior de la Península Ibérica y se han localizado en el entorno de grandes masas de agua como los embalses, ríos y lagunas. Los cambios en el entorno fluvial desde mediados del siglo XX no han hecho más que favorecer la presencia de esta ave. Por ejemplo los embalses les proporcionan un entorno muy adecuado. Por otro lado la proliferación de piscifactorías les ha proporcionado un abundante alimento fácil de obtener. Por esta razón a partir de los años 90 la presencia en la ribera del Tormes ha sido más apreciable.

No parece una ave especialmente bella pero una de las características estéticamente más destacables que tienen los cormoranes son los ojos de intenso color verde.



El cormorán posee un apreciable saco gular que le sirve para almacenar alimento, y sobre todo para refrigerarse en los días de exceso de calor. El saco gular no es más que una extensión de piel algo prominente que surge en la parte inferior del pico de estas aves y que adquiere coloraciones blancas y anaranjada.







Las aves, sobre todo las de entornos acuáticos, poseen una glándula uropígea que segrega un aceite que extienden por todo su plumaje durante el acicalamiento. Esa sustancia les sirve para proteger el plumaje frente a la humedad. Sin embargo se suele afirmar que la glándula uropígea de los cormoranes carece de la capacidad de segregar el aceite necesario para impermeabilizar suficientemente sus plumas. Otros en cambio afirman lo contrario y sí le atribuyen tal función. Lo que yo he podido observar es que las plumas  de cormorán que he recogido en el campo poseen un fuerte olor oleaginoso que me conduce a pensar que sí se encuentran impregnadas por  un aceite.

Los cormoranes se agrupan en dormideros sobre árboles cercanos a las riberas. En el Tormes, sobre todo en invierno, se les puede observar sobre álamos o alisos.
Bajo estos dormideros es apreciable la concentración de guano (excrementos). Los excrementos de cormorán son ricos en Nitrógeno, Fósforo y Potasio, que en exceso puede provocar una eutrofización del suelo bajo los dormideros y afectar al desarrollo óptimo de la vegetación y al equilibrio de las reacciones que los microorganismos realizan en el horizonte más superficial.











viernes, 25 de enero de 2013

Trufa Negra (Tuber melanosporum)

Nos encontramos en plena campaña de recolección de la trufa negra. La trufa negra (Tuber melanosporum) es el cuerpo fructífero hipógeo comestible de un hongo del género Tuber, familia Tuberaceae, orden Pezizales, clase Ascomycetes, subdivisión Ascomycotina, división Eumycota, y reino Fungi.
Su recolección en medio silvestre se realiza anualmente durante la época invernal, siendo las principales zonas productivas las del área mediterránea (Italia, Francia y España principalmente).
Se trata de un hongo con gran demanda en la alta cocina; esta alta demanda, unida a la escasez de la oferta (principalmente debida a la dificultad en la recolección, la limitación de sus áreas de producción, los impactos negativos en el ecosistema donde se desarrollan así como su estacionalidad), ha hecho que se trate de uno de los productos de origen natural que más alto precio ha alcanzado en el mercado internacional. Su precio es comparable al de algunas variedades de caviar. Por ejemplo en la campaña 2006 el precio medio en España fue 380 €/kg. A final de la temporada en la Lonja de Vic el precio fue 680 €/kg. En la Lonja de Mora fue a fin de temporada 850 €/kg.
Existen varios mercados en España donde se pone en valor este producto: Molina de Aragón (Guadalajara), Mora (Teruel), Vic (Barcelona) y Morella (Castellón). Unas de las localidades que actualmente está acaparando gran parte de la producción nacional son Sarrión (Teruel) y Abejar (Soria). La trufa constituye una oportunidad de desarrollo endógeno para estas zonas rurales, muchas de ellas deprimidas y con problemas de despoblación.
Pero en el mercado existe un problema que podríamos dividir en dos vertientes, y que requeriría un abordaje para impulsar el tan ansiado desarrollo rural. Por un lado nos encontramos con la insostenibilidad del recurso y por otro lado la falta de confianza en el mercado.
Las trufas, en las principales zonas productivas, están sufriendo una tremenda sobreexplotación, lo que hace que el recurso escasee cada vez más, y que se produzca un elevado impacto ecológico en el medio forestal. Muchos de estos impactos se deben en parte a las malas prácticas en la recolección (recolección excesiva, daños en el suelo y micelio) pero también al silencioso deterioro de las masas forestales que albergan a este hongo a causa de la ausencia de tratamientos culturales tradicionales en los bosques, que está probado reducen la posibilidad de aparición. La despoblación del territorio desde mediados del siglo XX y los cambios en los usos del suelo estaría detrás de tal abandono.
Por otro lado está el problema de la escasa confianza en cuanto a la calidad y garantía del producto que existe en el mercado, algo que obviamente preocupa al consumidor. Si el mercado no garantiza una trazabilidad, un seguimiento desde que el producto es recolectado hasta que es puesto en boca del consumidor, la fiabilidad es menor, aumentando la desconfianza y esto puede traducirse en una reducción de la demanda sobre todo en los consumidores con poca experiencia en el sector. Con una garantía en la especificidad, en las buenas prácticas recolectoras, en el envasado o presentación del producto, etc. el consumidor estará seguro de que el producto que llega a sus manos es T. melanosporum de calidad.
Actualmente existe una escasa regulación en el mercado de los hongos silvestres. Desde hace años hay proyectos de enorme interés que abogan por una regulación y una puesta en valor de los productos micológicos. Destacaríamos una sucesión de proyectos que actualmente se materializan en el Proyecto Myasrc (Proyecto de Micología para la Regulación y Comercialización) que plantea, entre otros aspectos, el establecimiento de lonjas micológicas, la implantación de permisos de recolección, etiquetados de productos micológicos de calidad, y un largo etcétera que pueden consultarse en su Web.
Las medidas para la conservación de este recurso natural deben ir encaminadas hacia una correcta gestión de las truferas naturales evitando la recolección abusiva y favoreciendo las actividades que tradicionalmente se han realizado allí, como pastoreo, clareos, etc.
Una de las medidas alternativas para la conservación de estos recursos micológicos en el medio silvestre son las plantaciones productoras de hongos, como la trufa negra. De esta manera la presión sobre las truferas naturales no sería tan elevada. En varias regiones se han llevado a cabo plantaciones en parcelas piloto con planta micorrizada de T. melanosporum, dando resultados satisfactorios en la provincia de Soria.
Las plantaciones de trufa negra podrían por lo tanto ser una solución a los problemas de sobreexplotación y de escasa trazabilidad del recurso, ya que con una plantación controlada los impactos en la recolección son mínimos y el seguimiento del producto desde el origen es fácilmente controlable.  Además el establecimiento de plantaciones en zonas degradadas aumenta el área ocupada por masas forestales ecológicamente equilibradas aunque artificiales. Salvando las distancias, algo muy similar al sistema adehesado del campo salmantino por ejemplo.

La Trufera de Arotz en Abejar (Soria) se trata de la mayor plantación de España

Las plantaciones truferas tienen cierta similitud con los paisajes adehesados.

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